Tras ese momento lésbico le susurré al oído: “móntate encima y cabalgalo tú un rato” ella ni contestó, bajó por mi cuerpo con su lengua hasta el escote, y me rozó con su mano mi vagina. Así se subió encima de mi chico. Mirándole de frente. Le agarró la polla y se la introdujo. Por la reacción de mi chico tendría que estar muy bien. Yo le dejé a mi chico un rato para que disfrutara de las vistas a la vez que yo me masturbaba.
Pasado
unos minutos volví a entrar en juego. Me coloqué sobre la cara de
mi chico, era el turno de que él hiciera algo. Tenía que comer
coño. Yo mientras veía la cara de placer de Rocío con la polla
clavada bien profunda y como le botaban las tetas.
A la vez
que disfrutaba mi chico, me comía el coño. Es cierto que con menos
pasión y acierto de cuando lo hacemos solos. Aun así se
entrega y recorre toda mi vagina con su lengua. E intenta alguna vez
introducirme su lengua. Me vuelve loca como me lo come. Notar su
respiración agitada en mis ingles y ano. Incluso como mi coño
húmedo silencia algún suspiro suyo. Yo mientras disfruto, me vuelvo
a acercar a Rocío a comerle la boca. Nuestras lenguas entran en
guerra una con otra, es un sexo muy sucio, nos baboseamos toda la
cara mutuamente. Yo por el placer del oral, y ella por cabalgar sobre
mi novio.
