Viendo el rollito lésbico que estaban teniendo delante mía, no me quedó otra opción que ponerme con mi mano a darme caña. Yo me pajeaba mientras veía como ellas se manoseaban y se comían enteras. Lo he visto en muchos vídeos, pero verlo en directo y tan cerca, escuchando los ruiditos de los coños húmedos es lo más. Mucho mejor que la fantasía, y luego poder verles las caras de gusto y placer. A mi pareja pocas veces la he visto así de entregada y con esa cara de viciosa.
Yo me
masturbaba siguiendo un poco el ritmo que ellas tenían, para ir
todos a la vez. Por si acaso en un momento dado necesitaban polla,
estar ahí para darles placer. Yo era como esos jugadores que aun
estando en el banquillo están calentando para poder salir en
cualquier momento que lo pida el míster.
Me daba un
rato suave, despacito y con cariño. Otro rato me daba un poco más
fuerte. Cuando escuchaba el ruido de un coño húmedo. Con una mano
pasaba a la otra. Para contenerme en la corrida, de vez en cuando lo
único que hacía era acariciarme suavemente la polla, con la llema
de mis dedos me recorría la polla. Hasta me tocaba los huevos y me
los acariciaba notando como se iban cargando de leche caliente para
las dos lobas que había en mi cama.
